Optimismo sincero, imprescindible en el marketing poscovid

Bruno de Jesús
Bruno de Jesús · Estrategia
· 3 min de lectura

A lo largo del último año todos hemos sufrido, en mayor o menor grado, tanto a nivel personal como profesional. La mayoría todavía estamos recogiendo los escombros que va dejando la pandemia y reconstruyendo nuestras vidas en tiempo real.

De todas estas ruinas me quedo hoy con las emocionales, a las que se les presta menos atención, pero que son las que impulsan la reconstrucción de todo lo demás. Por mucho que el mundo pueda estar supeditado a las directrices económicas, son las emociones las que impulsan el devenir de los sistemas capitalistas, pues no hay capitalismo sin compras, y toda compra depende en un 95% de nuestro subconsciente.

Desde un punto de vista de negocio, las empresas hace ya tiempo que son conscientes de ello y han tratado de sacarle partido identificando y adaptando las emociones asociadas a la marca. Por lo tanto, la existencia y utilidad del neuromarketing no la descubriremos ahora, si bien la ciencia (y el marketing) están haciendo grandes esfuerzos e investigaciones para adaptarlo al terreno digital y a la transformación que están viviendo los mercados.

Pero más allá de todo el conjunto de emociones que las organizaciones tratan de transmitir con fines comerciales (aquí cada caso es un mundo y dependerá mucho de los productos o servicios y del público objetivo), deben trabajar también para “mantener bien alta la moral de la tropa”. Por eso, hay una emoción transversal que debe integrarse urgentemente en la razón de ser de las empresas: el optimismo sincero.

Se debe adoptar un mensaje optimista porque necesitamos, más que nunca, poner en valor todos aquellos aspectos positivos que nos motivan y nos empujan a salir adelante cada día. Las marcas son parte de la sociedad, y como tal, también tienen un papel importante que jugar en este sentido.

Pero este optimismo debe ser sincero, porque la transparencia y la autenticidad van de la mano hoy en día. La mentira y la exageración tienen las patas muy cortas en etapas tan avanzadas de la era de la información. Las empresas deben poner su granito de arena en construir un mundo mejor, porque sus clientes lo esperan, así que deben decirlo, pensarlo y hacerlo.

Además, si no existe un convencimiento detrás, no será sostenible. ¿Qué credibilidad nos da alguien que nos dice algo sin mostrar seguridad en sus palabras?, ¿durante cuánto tiempo se puede estar dando un mensaje en el que no se cree?

En base a esta premisa, hay que lanzarse a generar y capturar emociones, a transmitir un optimismo que no solo es lo que deseamos, sino también lo que necesitamos. Resurgir de las cenizas requiere altas dosis de motivación.

La compra es una decisión, sobre todo, emocional. Y este apartado implica, además de tener un propósito y lanzar un mensaje positivo, ser excelente en la construcción de una marca que logre:

  • Reunir unos valores de marca afines al cliente
  • Transmitir confianza
  • Una experiencia satisfactoria
  • La máxima personalización
  • Compromiso social

Nunca ha habido un momento como este, en el que consumidores y marcas necesiten tanto darse apoyo y, además, ahora disponen de más herramientas para hacerlo. No podemos fallarnos.

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